XIII Eflac- Novos desafios para os feminismos da América Latina e Caribe

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Luego de tres días de intensos debates culminó el 13 Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe (EFLAC) con nuevos y retos y desafíos orientados a seguir construyendo un mundo sin opresiones para las mujeres y todas las personas, a partir del reconocimiento de las múltiples expresiones e identidades feministas que enriquecen sus apuestas y luchas.

La cita feminista también mantuvo aspectos clave de su agenda como la despenalización del aborto y la erradicación de todas las formas de violencia contra las mujeres en su amplia diversidad.

El cónclave reunió a 1,500 feministas de los países de ALC entre el 22 y 25 de este mes en las instalaciones del Parque de la Exposición de Lima donde se instalaron los espacios para el desarrollo de sus plenarias, casi un centenar de actividades autogestionadas y otras abiertas a todo público que tuvieron lugar en el Centro Cultural de España y el Auditorio Taulichusco.

La lectura de la declaración final estuvo a cargo de la feminista peruana Gina Vargas Valente, quien inició expresando la riqueza de los tres días en el EFLAC donde se reconocieron, aprendieron y disputaron miradas, posicionamientos e interpretaciones que han aportado a la construcción de conocimientos colectivos.

Sin embargo, indicó que quedan pendientes nuevas interrogantes y enredos ante los cuales no existe una sola respuesta, lo que evidencia la riqueza de los feminismos de América Latina y la vigencia de los EFLAC como espacio para seguir encontrándose y debatiendo.

Respecto del horizonte de interculturalidad e interseccionalidad que orientó la reflexión del primer día de plenaria, la declaración destacó la diversidad feminista politizada que reconoce las distintas ubicaciones sociales, económicas, culturales, sexuales, geopolíticas y de estrategias, así como las diferencias y desbalances de poder al interior de los feminismos.

Al respecto, el documento precisa que se esfuerza por cuestionar dicha situación y mencionó la exigencia de presencia y palabra que hicieron sentir las feministas negras durante el EFLAC.

Sobre el horizonte referido a la sostenibilidad de la vida, la declaración señaló que la relación entre capitalismo, heteropatriarcado y colonialidad ha resuelto el sustento de la vida con la explotación del trabajo de las mujeres a favor de la acumulación de los mercados. Y alertó sobre el hecho que el avance del capitalismo extractivo y depredador amenaza la sostenibilidad de la vida, lo que pone en cuestión los actuales modos de consumo y producción.

En torno a Cuerpo y Territorio, abordado en la tercera plenaria del EFLAC, la declaración presentó contenido más amplio. Valoró la variedad de territorios y cuerpos desde donde se construye el discurso y la práctica feminista y reafirmó que ambos son parte central de las luchas feministas.

En ese sentido destacó la reflexión dada desde diferentes posicionamientos y cosmovisiones por la multiplicidad de actoras feministas como las jóvenes, las de sabiduría acumulada, urbanas, rurales, indígenas, negras, lesbianas, mestizas, heterosexuales críticas, con discapacidad, transexuales, trabajadoras sexuales, trabajadoras del hogar, migrantes

Ante la imposibilidad de que un EFLAC pueda desenredar por sí solo los nuevos desafíos, remarca la necesidad de que sean visibilizados y reconocidos para ser pensados colectivamente en sucesivos encuentros.

Asumiendo el reto permanente de pluralizar los feminismos, el documento plantea encontrar la forma de poner en diálogo –no de acuerdo- el reconocimiento e intercambio de los diferentes posicionamientos, donde la disidencia nutra las reflexiones pues cuando las disputas son reconocidas y trabajadas, el movimiento crece y amplía su horizonte de posibilidades.

La declaración final también abordó uno de los nudos críticos en este EFLAC referido a la identidad de género disidente y a la exigencia de incorporar a personas trans masculinos en los EFLAC en tanto sujetos fuera de la mirada dicotómica hombre-mujer.

Sobre este punto, que se vio posteriormente a la lectura de la Declaración Final, la plenaria acordó trabajar un mecanismo que haga posible el desarrollo de un proceso de reflexión cuyas conclusiones se lleven al siguiente EFLAC.

Además de lo señalado, el cónclave feminista reconoció otros nudos y retos ante los cuales declaró su compromiso de trabajar por la erradicación de la criminalización de sus decisiones, cuerpos y sexualidad, y por la despenalización del aborto y la libertad de las mujeres presas por realizar esta práctica como ocurre con las 17 en El Salvador.

Hizo suya la demanda por la aparición con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa (Mèxico) y expresó su consternación por la impunidad ante la violación de los derechos humanos en el país. También se solidarizó con las mexicanas que denuncian la desaparición forzada y el feminicidio y con todas las que en la región de ALC sufren persecución por ele ejercicio de esta lucha.

Se comprometió a continuar las luchas contra el racismo y colonización de los cuerpos de las mujeres y de sus territorios, y a sostener su demanda de justicia para las mujeres indígenas y el término de las persecuciones, encarcelamiento y asesinatos que vienen sufriendo.

Asumió como suya la causa de la campaña Agua sí Oro no de las mujeres de Cajamarca-Perù y exigió la libertad de la campesina Máxima Acuña, acosada judicialmente por defender su territorio, y de Dina Mendoza, criminalizada por defenderla.

Sobre el conflicto armado interno de más de 60 años en Colombia, denunció la utilización del cuerpo femenino como territorio de guerra y demandó que las feministas tengan presencia protagónica en el proceso de dialogo y construcción de paz en dicho país.

Se solidarizó con la lucha de las trabajadoras sexuales por el reconocimiento de todos sus derechos e indicó que el asunto de la diferencia entre trata y trabajo sexual merece más debate y profundización al interior de los feminismos.

También reconoció que es la sociedad patriarcal la que discapacita los cuerpos de las mujeres, lo que constituye otra forma de discriminación invisible que las feministas se comprometieron a deconstruir, combatir y erradicar.